miércoles, 28 de octubre de 2009

Reglas de la composición

TERCIOS











La primera regla de todas son los tercios. Cuando encuadramos el objeto principal de nuestra foto en uno de los tercios inferiores o superiores de la misma, ese objeto adquiere mucha presencia y, de algún modo, relevancia en el resultado final.

En mi ejemplo se pueden ver a las dos niñas jugando, el monte San Donato cortando la foto diagonalmente o un buen hombre cubano meditando sobre su vida. Si estos temas hubiesen sido encuadrados en el medio el resultado no sería tan rico.

LÍNEAS

Las líneas conducen nuestra mirada, nos enseñan dónde está el motivo central de la fotografía y se pueden utilizar de muchísimas maneras diferentes. Yo he decidido sacar un túnel de metro un tanto claustrofóbico, una escena familiar en la que el quitamiedos abraza a las tres figuras conduciendo nuestra mirada, y la playa de Orio en la que el mar dibuja una línea en la cual juegan, nadan y saltan muchas personas.

EQUILIBRIO (Centro de interés)

El equilibrio se refiere al centro de interés en una fotografía. No podemos intentar sacer una foto a algo o alguien y que detrás de ese objeto o sujeto haya algo que distraiga nuestra mirada. WEn mis dos primeros ejemplos es obvio, no hay nada ni nadie que nos distraiga la mirada de los dos niños, aunque en este caso se haya resuelto con primeros planos.

En la tercera fotografía aparecen dos policías cubanos en una pose peliculera y aunque detrás haya varios objetos que pueden distraernos, el ojo no se pierde ya que los policías están centrados en la foto y tienen suficiente fuerza como para representar el verdadero equilibrio.


RELACIÓN CON EL FONDO

Los objetos o sujetos de nuestras fotos tienen que estar en relación con lo que aparece detrás de ellos. En la fotografía debe de existir un equilibrio entre lo que estamos fotografiando y lo que está a sus espaldas (siempre que no se quiera exponer una mirada contrapuesta).
De esta manera, el caballo al que he fotografiado se encuentra en su medio natural y los niños cubanos de la foto inferior están contentos, aunque una breve mirada al fondo de la foto puede revelarnos en qué condiciones viven.

ENCUADRE (Marcos naturales)

El encuadre es algo muy meditado a la hora de hacer una foto y tenemos que cuidarlo siempre. Por supuesto, hay que intentar innovar en nuestras fotos, buscar diferentes alternativas y, siempre que podamos, tenemos que aprovecharnos de los marcos naturales que se nos presentan. En mi caso, un salvavidas, un árbol y una cueva.
De esta manera conseguiremos otorgar a nuestra foto un carácter más especial.


SENCILLEZ

La sencillez lo es todo en la fotografía. No debemos sacar todo, intentar representarlo todo para que quede constancia ya que en muchas ocasiones se puede dar lugar a la confusión por no saber cuál es el centro de atención en la fotografía. Por este motivo debemos preocuparnos de fotografiar las cosas de manera sencilla y acudiendo directamente al centro de interés de lo que estamos retratando para la posteridad.

martes, 6 de octubre de 2009

Mercado de Sto. Domingo: lugar de encuentro


... y perdurará abierto durante muchos años más.

Esa es la riqueza del mercado de Santo Domingo, que aunque grandes devoradores de pequeños comercios como Caprabo, Carrefour, El Corte Inglés y otros muchos sigan ganando terreno en una Pamplona cada vez más comercializada, siempre quedará un reducto tan auténtico como el mercado público.




Hablando con aquellos que conforman la columna vertebral del mercado, los vendedores, me quedó claro que es un sitio al que nunca podrá ganar ningún otro establecimiento a gran escala ya que la gente que compra habitualmente en el mercado, no lo hace en otro sitio ya que el trato es muy familiar y el hecho de ir a hacer la compra se convierte en una manera de no perder el contacto con aquellos con los que se entabla amistad.




Queda comprobado que el mercado no tiene edad, y que tanto mayores como niños se lo pasan en grande. No sé si será por el bullicio y el jaleo que se monta pero todos los niños que he visto en el mercado estaban encantados de la vida.


Tanto unos como otros saben disfrutar de este momento y, de paso, para los mayores, también es una honra hablar de sus nietos y enseñárselos a quienes te han atendido toda la vida. Es algo muy familiar.

















Obviamente, entre tanta compra, siempre hay algún momento para descansar...




A nadie que haya paseado por el mercado de Santo Domingo deja indiferente su arquitectura, su forma peculiar y sus vistosos colores. Son un sello de identidad para el mercado más mítico de Pamplona.
















Guarda en su interior una magia que lo hace muy especial, y por eso perdurará en el tiempo, por su gente (que lo mantienen vivo) y por el mercado (que mantiene viva a su gente).

Para terminar cuelgo alguna foto más de propina ya que no se pueden quedar en el tintero.




martes, 22 de septiembre de 2009

La realidad a través de un reflejo

La verdad es que la práctica de esta semana me ha parecido bastante original. Buscar reflejos no siempre es fácil y hacer que una foto de un reflejo adquiera relevancia lleva más tiempo del habitual.

Las opciones son prácticamente infinitas. Yo he seleccionado algún espejo que otro (que hace las veces de gran angular), varios edificios y una luna trasera de coche. Me iba encontrando estas fotos sin pensar en realizar una toma concreta.

No siempre es sencillo sacar una buena foto de un reflejo y dependiendo de cómo esté el tiempo (en Pamplona no se sabe) se puede facilitar el trabajo.

La verdad es que algún vecino ya me miró raro porque estaba sacando fotos a sus casas pero creo que la habilidad del fotógrafo es sacar la foto en un instante y abandonar el lugar antes de que puedan decir nada. A mí me dio resultado.






Estos son algunas posibilidades dentro de los reflejos. Las opciones son infinitas. Yo, de momento, me despido hasta que cace más reflejos. Un saludo!






















miércoles, 16 de septiembre de 2009

Las mil y una fotos

La verdad es que antes de apuntarme a esta asignatura ya tenía algo de manejo en la fotografía y sobretodo con mi cámara de fotos. Cuando voy de viaje o simplemente quiero que un día en especial quede para la posteridad ahí está ella, a mi lado, esperando fielmente a que la sostenga y la dispare hacia una realidad que en ese momento me pueda parecer significativa.

Lo que no había probado es a llevarla todo el día conmigo haciendo fotos en las que la mayoría ni siquiera sirven, pero ahí están. No sé realmente si realicé, como estaba estipulado, unas mil fotos, pero el ejercicio ha servido para, de alguna manera, intimar con nuestra herramienta de trabajo y acercarnos más a ella, quitar las barreras que pueden separar lo humano de la técnica.

Cuando sostengo la cámara puedo parecer un cazador; un cazador del momento exacto que debe ser fotografiado. Incluso cuando sacamos fotos, muchas veces no observamos la importancia de lo que aparece reflejado hasta que vemos de nuevo la foto realizada. Son pequeños momentos que el ojo humano simplemente no retiene y que mediante una fotografía pueden quedar, literalmente, para la posteridad.

Pequeños gestos, regañinas de una madre a su hijo al fondo de la fotografía, una foto de un bostezo, un abrir y cerrar de ojos, una carcajada… son infinitos momentos muy simples para nuestros ojos pero que pueden conformar fotos de la vida diaria que merece la pena conservar.
Con este ejercicio he descubierto muchas de estas fotografías. Son fotos tiradas sin malicia alguna en las que muchas veces me sorprendo por haber captado momentos y realidades tan naturales como la vida misma.

La foto perfecta está ahí fuera y este ejercicio me ha servido para estar mejor preparado y a contar con la cámara en más ocasiones. Creo que es una compañera de viaje estupenda que puede dar buenísimos frutos incluso disparando desde el balcón de mi casa.

Como decía Pelé: “hay que conocer la herramienta de trabajo” y este ejercicio ha servido en gran medida a este propósito, a conocernos personalmente con nuestra cámara y a dejar que sea testiga de la realidad al igual que nosotros, o incluso mejor.

martes, 15 de septiembre de 2009

Generación tras generación

Muchas veces pasamos por delante de ellos y no nos molestamos en mirar, simplemente, están ahí. Nos olvidamos de que nos han visto crecer y, probablemente, a nuestros padres también.


Ahora... la historia se repite. Tan cíclico como la vida misma y tan atrayente como hace veinte años para aquellos que buscan entre sus ramas un lugar mágico en el que dejar volar su imaginación y su inocencia en bruto. Estos son los árboles que marcan infancias; la mía, la primera.



Tan robusto como cuando trepábamos por él en las tardes de verano, se mantiene este gran pino en Barañáin. Las nuevas generaciones van pasando por él y sigue ofreciendo, como el primer día, una buena vía de escalada entre sus ramas y una buena excusa para fardar ante los compañeros sobre quién es el que más alto sube.



Obviamente, siempre hay alguna baja ya que es mucho el ejercicio que soporta en la temporada calurosa. Menos mal que en invierno pueden descansar, aunque siempre se puede usar como un improvisado refugio anti bolas de nieve.


Sigue ahí, al lado de sus compañeros, observando a las miles de personas que se han cobijado bajo su sombra como si cuidase de ellos. En realidad, pocos pueden decir, al igual que él, que ha visto crecer a tantas generaciones.

Sus hojas seguirán resistiendo el azote de las condiciones adversas para poder brindar sombra otra vez más en verano. Es un luchador.







Seguirá levantándose al cielo igual que siempre mirando desde lo alto el lento pero rápido paso de los años.